El libro que sabía navegar

.       El libro que sabía navegar

Cada noche, antes de dormir, Alba abría un libro antiguo que había pertenecido a su abuelo. No era un libro cualquiera: sus páginas guardaban historias tan bien cuidadas que aún conservaban luz.
Aquella noche, al pasar la primera hoja, ocurrió algo extraordinario. De entre las letras comenzó a levantarse un barco dorado, pequeño como un juguete, pero tan real que sus velas parecían respirar. Flotó sobre la cabeza de Alba y, con cada palabra leída, avanzaba un poco más.
El libro le explicó —con voz suave, como hacen los libros importantes— que aquel barco solo aparecía cuando un niño leía con el corazón atento. No navegaba mares de agua, sino mares de imaginación, recuerdos y sueños heredados.
Alba siguió leyendo. Del libro salieron mariposas de luz, islas invisibles y caminos que solo existen para quienes saben escuchar. El barco recorrió historias antiguas: las que los abuelos contaron, las que los padres olvidaron, las que esperan ser recordadas.
Cuando el sueño empezó a vencerla, el barco regresó despacio al libro, cerrándose entre las páginas como un secreto bien guardado. Antes de desaparecer, dejó una promesa:
—Mientras sigas leyendo, nunca estarás sola.
Desde entonces, Alba supo que los libros no solo cuentan cuentos: los custodian, como se ha hecho siempre, para que pasen de mano en mano y de corazón en corazón.
Y así, cada noche, al abrir aquel libro, el mundo volvía a iluminarse.

Comentarios

Entradas populares de este blog

"El lenguaje del silencio: La aventura de Julián en La Centenera"

El Nai de Vallcebre - La última partida Carlista

El Último Voto del Temple