La Cesta de los Sueños
La Cesta de los Sueños En un pueblo donde las noches eran tan silenciosas que se oía crecer la hierba, vivía una niña llamada Luna. No era su nombre verdadero, pero todos la llamaban así porque siempre andaba descalza buscando estrellas caídas entre los charcos. Luna tenía un problema: no soñaba. Mientras los demás niños se despertaban contando dragones, castillos flotantes o carreras con ballenas, ella abría los ojos y solo encontraba el techo de madera y el mismo olor a pan viejo de siempre. «Quizá mis sueños se me olvidan en el camino», pensaba. «O quizá nunca llegan», le contestaba una vocecita más triste. Un día de mercado, entre puestos de naranjas arrugadas y gallinas que discutían el precio de su propia existencia, Luna vio algo que nadie más parecía notar: una anciana diminuta con un chal hecho de retazos de cielo nocturno. Sobre su regazo llevaba una cesta vieja, de mimbre plateado, que brillaba suavemente aunque no hubiera sol. —¿Qué lle...