El perfume del recuerdo
El perfume del recuerdo
Hoy he visto una foto tuya.
No sé si fue el azar o el destino, pero ahí estabas, detenida en un instante que el tiempo no consiguió marchitar.
Tu sonrisa seguía igual, con ese leve temblor que siempre parecía guardar un secreto.
De pronto, el aire cambió de aroma.
Volvió aquel perfume que llevabas en las tardes de agosto, cuando el sol se escondía entre los campos dorados y el mundo era solo un rumor lejano.
Cerré los ojos, y te imaginé de nuevo, corriendo hacia mí con el cabello al viento, la piel tibia de verano y las manos llenas de promesas que nunca pedí, pero que igual me diste.
Éramos dos cometas sin hilo, perdidos entre el deseo y la inocencia.
Nos bastaba mirarnos para entenderlo todo, sin palabras, sin futuro, solo la certeza ardiente del presente.
Y sin embargo, el verano se fue, como se va la espuma del mar que una vez nos mojó los pies.
Hoy, al verte en esa imagen, comprendí que hay amores que no mueren: solo cambian de forma, se vuelven brisa, aroma, silencio.
Tu perfume sigue aquí, mezclado con el mío, suspendido entre la memoria y la piel.
Y mientras lo respiro, por un instante, vuelvo a ser aquel muchacho que creía que el amor podía detener el tiempo
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