Lia la ratita costurera
Lía, la ratita costurera
En un rincón alegre del bosque vivía Lía, una ratita muy presumida. Pero no era presumida por vanidad, sino porque le encantaba crear vestidos y sombreros llenos de color e imaginación.
No tenía telas finas ni agujas de oro. En su lugar, usaba lo que encontraba: hojas secas, pétalos de flores, ramitas y hasta gotitas de rocío que brillaban como lentejuelas.
Un día, mientras paseaba, descubrió una flor roja enorme.
—¡Es perfecta! —exclamó—. Con ella haré el paraguas más elegante del bosque.
Con paciencia y constancia, convirtió la flor en un paraguas brillante. Al verla, los demás animales se rieron:
—¡Qué ocurrencias tienes, Lía! —decía la ardilla.
—Eso no te servirá cuando llueva —murmuraba el topo.
Pero Lía sonrió y siguió confiando en su idea. Poco después, una nube oscura cubrió el cielo y comenzó a llover. Los animales corrieron a esconderse… menos Lía, que abrió su paraguas de flor y siguió su camino tan feliz.
Entonces todos comprendieron que su creatividad valía más que mil dudas. Desde aquel día, acudían a ella en busca de trajes únicos: el caracol quería una capa brillante, la ardilla pidió un vestido de hojas doradas y hasta el búho deseó un chaleco de plumas bordadas.
Lía no solo cosía ropa, cosía sonrisas y confianza. Y así enseñó al bosque entero que con imaginación, ilusión y constancia, cualquier sueño podía florecer.
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