El bosque donde nacen las palabras
El bosque donde nacen las palabras
Una noche, mientras la luna miraba en silencio por la ventana de su habitación, Víctor abrió su cuaderno mágico.
Las páginas brillaban suavemente, como si escondieran un secreto.
Víctor escribió una nueva palabra:
Silvaria
La tinta apenas se había secado cuando el cuaderno comenzó a temblar un poquito.
Las letras se levantaron de la página como pequeñas luciérnagas y comenzaron a girar en el aire.
—¿Qué está pasando? —susurró Víctor.
De pronto, el suelo desapareció bajo sus pies… y cuando volvió a abrir los ojos estaba en un lugar completamente nuevo.
Era un bosque enorme y silencioso.
Pero no era un bosque cualquiera.
En lugar de frutos, los árboles tenían palabras colgando de sus ramas.
Algunas eran grandes y redondas como manzanas:
amistad
aventura
valentía
Otras eran pequeñas y brillantes como gotas de rocío:
luz
mar
sol
El viento pasaba entre los árboles y las palabras tintineaban suavemente.
Víctor caminó con cuidado por el sendero de hojas doradas.
De repente escuchó una voz suave.
—Bienvenido, Víctor.
Del tronco de un árbol muy antiguo salió una pequeña criatura luminosa con alas de hoja.
—Soy Letrina, guardiana del bosque donde nacen las palabras.
Víctor abrió mucho los ojos.
—¿Aquí nacen todas las palabras?
La guardiana sonrió.
—Sí. Antes de llegar a los libros, antes de que los niños las pronuncien, antes de que los poetas las escriban… las palabras nacen aquí.
Víctor miró maravillado los árboles.
—¿Y quién las cuida?
—Los soñadores —respondió Letrina—. Los niños que imaginan, inventan y escriben.
Entonces le señaló un árbol pequeño.
En una de sus ramas estaba creciendo una palabra nueva.
Víctor se acercó despacio.
Era la palabra:
Victoralia
—Esa palabra es tuya —dijo la guardiana—. Cada vez que inventas una palabra, aquí nace un nuevo árbol.
Víctor sonrió con el corazón lleno de alegría.
Ahora entendía algo muy importante.
Las palabras no eran solo letras.
Eran semillas de mundos.
Antes de marcharse, Letrina le regaló una pequeña hoja dorada.
—Para que recuerdes siempre el camino al bosque.
Cuando Víctor despertó en su habitación, el cuaderno seguía abierto.
Y entre sus páginas encontró la hoja dorada.
Víctor sonrió.
Porque sabía que aquella noche volvería al bosque.
El lugar donde nacen todas las historias.
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