La biblioteca secreta de los sueños
La biblioteca secreta de los sueños
Víctor era un niño que amaba las palabras más que cualquier otra cosa.
Las guardaba en su cuaderno mágico: palabras suaves, palabras alegres, palabras que hacían pensar y palabras que parecían tener luz propia.
Una noche, mientras escribía una palabra nueva —“esperanza”— algo extraño ocurrió.
El cuaderno empezó a brillar.
Las páginas se movieron solas, como si una brisa invisible pasara entre ellas.
Entonces apareció una palabra que Víctor no recordaba haber escrito:
“Biblioteca”.
Debajo de la palabra apareció una pequeña flecha dibujada.
—¿Una biblioteca? —murmuró Víctor curioso.
En ese momento, la pared de su habitación comenzó a abrirse lentamente, como una puerta secreta.
Víctor caminó despacio y cruzó el umbral.
Al otro lado encontró un lugar maravilloso.
Era una biblioteca enorme, llena de estanterías altas que parecían tocar el cielo.
Pero aquellos libros no eran normales.
Algunos flotaban suavemente en el aire.
Otros brillaban como si tuvieran estrellas dentro.
Y de algunos salían pequeñas nubes de colores.
—Bienvenido, Víctor —dijo una voz tranquila.
Un anciano con barba blanca y ojos muy brillantes apareció entre los libros.
—¿Quién eres? —preguntó Víctor.
—Soy el Guardián de los Sueños. Esta es la biblioteca donde viven los sueños que nacen de las palabras.
Víctor miró a su alrededor fascinado.
—¿Los sueños viven en los libros?
—Así es —respondió el guardián—. Cada vez que alguien imagina una historia, cada vez que un niño escribe una palabra con ilusión, aquí nace un nuevo libro.
El guardián tomó uno de los libros flotantes y se lo dio a Víctor.
—Ábrelo.
Víctor lo abrió despacio.
De repente vio un pequeño dragón volando sobre montañas doradas.
—¡Está vivo! —exclamó.
—No exactamente —sonrió el guardián—. Es un sueño esperando a ser contado.
Víctor caminó por la biblioteca y vio libros de aventuras, de viajes a las estrellas, de ciudades hechas de música y de bosques donde nacían palabras.
Entonces comprendió algo.
—¿También hay libros que aún no existen?
El guardián asintió.
—Muchos. Y algunos están esperando que tú los escribas.
Víctor miró su cuaderno mágico.
—Entonces… ¿cada palabra puede crear un sueño?
—Exactamente —respondió el guardián—. Las palabras son semillas. Cuando se cuidan bien, crecen y se convierten en historias.
Antes de marcharse, el guardián le dio a Víctor un pequeño marcador dorado.
—Para que nunca pierdas el camino hasta esta biblioteca.
Víctor volvió a su habitación.
La pared se cerró de nuevo.
Pero su cuaderno seguía brillando.
Esa noche escribió muchas palabras nuevas.
Porque ahora sabía algo muy importante:
cada palabra podía abrir la puerta a un sueño.
Y en algún lugar secreto, en una biblioteca inmensa y silenciosa…
un nuevo libro comenzaba a escribirse.
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