La Pequeña Elfa Luna y el Nido que Cantaba al Revés
. La Pequeña Elfa Luna
y el Nido que Cantaba al Revés
Llegó la primavera al Bosque Susurrante y todo el mundo se puso a cantar: los pájaros con trinos agudos, los grillos con su violín de patas, hasta el viento hacía “fiuuu-fiuuu” entre las ramas nuevas.
Pero en un rincón escondido, cerca del Claro de las Margaritas, había un nido muy extraño.
Era pequeñito, hecho de musgo suave, plumas blancas y pétalos rosados. Estaba colgado de una ramita baja de un cerezo en flor… pero cantaba al revés.
En vez de “piío-piío” o “trrr-trrr”, emitía sonidos como “oíip-oíip” y “rrrt-rrrt” hacia atrás, como si alguien hubiera grabado el canto de los pájaros y lo estuviera reproduciendo al revés.
Los pajaritos que pasaban se tapaban los oídos con las alas y volaban rápido.
Luna lo oyó una mañana mientras recogía gotitas de rocío para su jarrita de pétalos.
Se acercó de puntillas, con su coronita de flores naranjas todavía un poquito húmeda por la niebla matutina.
—¿Quién anda ahí cantando tan raro? —preguntó con voz chiquita.
Del nido asomó una cabecita redonda, con plumas revueltas de color gris perla y dos ojitos negros como gotitas de tinta.
Era un pollito muy joven, casi recién nacido, que se llamaba Pío-Alrevés.
—Soy yo… —dijo con voz temblorosa—. Pero no sé cantar normal. Todo me sale al revés. Mis hermanos ya volaron y cantan bonito… y yo solo hago “oíip” y “rrrt”. Nadie quiere jugar conmigo.
Luna se sentó en la hierba debajo del nido y miró hacia arriba.
—¿Y por qué crees que te sale al revés?
Pío-Alrevés bajó la cabecita.
—Porque nací de noche, cuando la luna estaba muy alta. Tal vez la luna me puso el canto del revés para que fuera diferente… pero ahora todos se ríen o se van.
Luna frunció el ceño, pensativa. Luego sonrió con esa sonrisa que le iluminaba las pecas.
—Pues a mí me parece un canto muy especial. Nadie en el bosque canta al revés. ¡Eres el único!
Pío-Alrevés parpadeó sorprendido.
—¿De verdad no te molesta?
Luna negó con la cabeza.
—Al contrario. Vamos a hacer algo con tu canto tan único.
Y así empezó la aventura.
Luna llevó a Pío-Alrevés (con mucho cuidado, nido y todo) hasta el Claro de las Margaritas. Allí reunió a sus amigos más curiosos del bosque:
Chispa, la luciérnaga valiente
Miel, la ardilla parlanchina
Pez Plateado (que subió al claro en una hoja flotante)
Y hasta el abuelo Roble movió sus hojas para escuchar mejor.
Luna explicó:
—Pío-Alrevés tiene un canto al revés. Y creo que eso puede servir para algo que nadie más puede hacer.
Primero probaron con las flores que aún no se habían abierto del todo porque tenían sueño.
Pío-Alrevés cantó: “oíip-oíip… rrrt-rrrt…”
Y pasó algo increíble: las flores que escuchaban el canto al revés empezaron a abrirse… ¡pero al revés! Es decir, en vez de abrirse de día, se abrían más bonitas y perfumadas… ¡de noche!
De pronto el claro se llenó de margaritas nocturnas que brillaban con un suave resplandor plateado bajo la luna.
Luego probaron con los animalitos que tenían miedo a la oscuridad (como los conejitos bebés).
Pío-Alrevés cantó bajito al revés… y los conejitos sintieron que el miedo se les iba “hacia atrás”, como si el susto volviera al momento en que aún no existía. Se durmieron tranquilos y felices.
Miel aplaudió con las patitas.
—¡Eres un pájaro-magia! ¡Tu canto al revés arregla cosas que van mal!
Luna abrazó el nido con cuidado.
—¿Ves, Pío-Alrevés? No estás equivocado. Solo eres diferente… y esa diferencia es un regalo.
Desde esa primavera, cada atardecer, Pío-Alrevés se sube a la rama más alta del cerezo y canta al revés. Y el bosque entero lo escucha con cariño:
Los que tienen miedo se calman.
Las flores que duermen se despiertan de noche.
Los pollitos nuevos aprenden que no hay una sola forma de cantar bonito.
Y Luna, todas las noches antes de dormir, se asoma desde su hamaca y susurra:
—Buenas noches, Pío-Alrevés. Gracias por cantar al revés… así el mundo tiene más colores y más formas de ser feliz.
Y Pío-Alrevés contesta con su vocecita: “oíip… oíip…” que en realidad significa: “Gracias, Luna. Gracias por escucharme tal como soy.”
Fin
Moraleja :
A veces pensamos que estamos “al revés” o que no encajamos, pero justo esa diferencia puede ser la llave que abre puertas que nadie más ve.
No hace falta cantar como todos los demás…basta con cantar con el corazón, y alguien, algún día, te dirá:
“Tu canción es exactamente la que el bosque necesitaba”.
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