Víctor el soñador de palabras
Víctor, el soñador de palabras
Víctor era un niño diferente.
Mientras otros niños jugaban con pelotas o construían torres con bloques, Víctor jugaba con palabras. Las recogía como si fueran semillas invisibles que flotaban en el aire.
Las miraba, las giraba en su cabeza… y luego las sembraba en su cuaderno.
Una tarde, mientras abría su gran libro de hojas amarillas, dijo en voz alta:
—Hoy inventaré una palabra nueva… Lumiranda.
La palabra brilló en su imaginación.
—Si Lumiranda fuera un lugar… ¿cómo sería?
Víctor cerró los ojos.
Y entonces lo vio.
Lumiranda era un valle donde la luz nacía de las flores. Cada pétalo brillaba como una pequeña estrella. Los árboles no tenían hojas verdes, sino hojas de cristal que tintineaban suavemente cuando el viento pasaba.
En Lumiranda vivían criaturas muy curiosas:
Pequeños ratones que sabían leer cuentos,
ardillas blancas que guardaban secretos en las nueces,
y diminutos caballeros que protegían los libros más antiguos del mundo.
En el cielo volaban hadas de alas transparentes que iluminaban la noche como farolillos.
Y en medio de todo aquel lugar estaba la Gran Biblioteca de los Sueños, donde cada palabra inventada por los niños se convertía en un nuevo mundo.
Víctor entendió algo muy importante aquel día:
Cada palabra podía ser una puerta.
Una puerta a un bosque,
a un castillo,
a un océano,
o a un lugar que todavía no existía.
Desde entonces, cada noche antes de dormir, Víctor inventaba una palabra nueva.
Porque sabía que, en algún rincón del universo…
alguien la estaba convirtiendo en un lugar real.
Comentarios
Publicar un comentario